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Una cuestión de fondo | 1º Timoteo | Día 7

07 UNA CUESTIÓN DE FONDO
Lectura: 1º Timoteo 3:1-7
Por Carlos Samuel Mansilla
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Plan: 20 días con 1º Timoteo.
Un breve tratado sobre la primera epístola de Pablo a Timoteo
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El Señor nos dice explícitamente, por medio del apóstol Juan, el mal que acarrea el amor al mundo y las cosas que nos ofrece, porque los deseos de la carne, los deseos de  los ojos, etcétera, no provienen de Dios (1 Juan 2:15-16). Pero hay cosas que el Señor nos dice que es bueno anhelar, que es bueno desear y que son aspiraciones nobles: Esto refiere a aspirar a una posición honorable en la Iglesia.

Todos nosotros estamos en la congregación que Dios nos puso y por lo tanto amamos pertenecer, y aspirar al lugar que poseen los que de alguna manera nos presiden en la comunidad de FE que nos representa es algo notable. Estas aspiraciones sólo pueden provenir de Dios, por lo tanto es bueno y agradable en aquellos que tienen este sentir.

En esto hay una cuestión de fondo. Los que nos presiden, administran y gobiernan deben tener una norma de vida práctica basada en las escrituras. Los que aspiran a serlo también. Deben ser personas que no tengan puntos débiles o no tengas fallas en la armadura. Deben estar protegidos de tal manera que en pleno campo de batalla nadie pueda encontrarles un punto débil para atacarlos. A esto refiere la palabra irreprensible o intachable, palabra la cual proviene de dos términos,  “sin” y “reproche”, es decir “nada de que culparlo” o “sin nada que reprochar”. Pablo se refería a una persona que no puede ser hallada en una posición de flaqueza, en falta o con fallas, o con errores que perjudiquen no solamente su desempeño personal, familiar y social, sino sobre todo en la congregación de los justos.

El que aspira a sobrevelar por el otro, estar al cuidado, ser guardián y guarda del hermano, debe en principio saber cuidarse a si mismo y a su familia en integridad. La lista es amplia y es un verdadero reto y desafío, y con sólo decir amable, apacible y prudente la grieta deja afuera la mayor cantidad de los aspirantes. Esto es lamentable por el sencillo hecho de que en realidad, la mayoría debería calificar, porque todas las características que se piden para los que nos presiden y aspiran a hacerlo son las mismas cosas que deberían caracterizar a cualquier cristiano.

Aquí no entrarían los nuevos creyentes ya que tienen mucho que aprender, y sobre todo tienen que vencer el orgullo, la presunción y la arrogancia que podría emerger sólo por suministrarles un lugar destacado.

Podemos hacernos muchas preguntas para revisar nuestras vidas:

¿Mis hijos me obedecen y respetan? ¿Soy fiel a mi esposa?  ¿Tengo integridad sexual? ¿Tengo el respeto de todos en mi hogar y el reconocimiento de ellos como un verdadero hombre íntegro?

¿Tengo buena reputación y testimonio?: En el barrio, en el trabajo, con los comerciantes vecinos, con mis empleados, con mis jefes, con mis clientes, con los clientes de los demás, con los compañeros del colegio o la facultad, con mis parientes cristianos y no cristianos, etcétera.

¿Tenemos amor al dinero?

No tenemos que tener conductas vergonzosas de ningún tipo. Tenemos que amar a los extraños y a los extranjeros, ser hospitalarios, tener dominio propio, no cometer excesos, etcétera.

¿Cuáles son las personas que queremos que nos guíen? ¿Cuáles son las personas que debemos ser nosotros mismos? ¿Nuestros anhelos son los que Dios nos permite o las cosas que el mundo nos ofrece? Revisemos nuestras vidas porque no podemos cuidar al rebaño del Señor o a los mas pequeños de ellos si no sabemos cuidar nuestro propio hogar.











 © Carlos Samuel Mansilla
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